Estrategias de manipulación. 4 La estrategia de diferir


          Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa pero necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. 

          Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la gente en general, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá a mejorar mañana y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
        

           Un ejemplo claro y actual de esta estrategia de manipulación es la propuesta de alargar la edad de jubilación; con el fin de que la ciudadanía no se alarme y acepte dicha medida, “dolorosa pero necesaria”, esa propuesta claramente impopular se impondrá contando con dos métodos infalibles: la gradualidad y diferir su aplicación para dentro de “x” años. El nuevo orden mundial, que nos domina querámoslo o no reconocer, exige la implantación de esta medida “para sacarnos de la crisis” y garantizar las pensiones en el año la pera. ¿Para salir de la crisis, una medida que se va a aplicar dentro de 15 años? No, no es para salir de la crisis. La aplicación en diferido es más aceptable, ayudada por la ingenuidad de pensar que, para dentro de unos años, posiblemente todo ha vuelto a ir sobre ruedas y ya no hará falta esa medida; por otro lado, se habrá dispuesto de tiempo para la aplicación gradual, que acabará con “la rana hervida”.

         Otra forma de trabajar con la estrategia de diferir es muy recurrente y actual: consiste en  llevar a la ciudadanía a una situación extremadamente delicada para que acepte como necesarias las medidas que el sistema quiere implantar, bajo la presión machaconamente repetida de que sólo con la aplicación de esas medidas se podrá salir de tal situación problemática. Esta estrategia está relacionada con la de “crear problemas para después ofrecer soluciones”. Sólo que en este caso las soluciones a saber para cuándo vendrán…si llegan. “¡Tan largo me lo fiais!”, que dijo Tirso en El Burlador de Sevilla.

          Pues ahí tenemos la llamada “Reforma Laboral” (más bien una  Contrarreforma) como ejemplo de aplicación de esta estrategia: tras haber llegado a una situación límite de desempleo, se nos proponen e imponen  recortes bestiales  en la inversión pública, desaparición de servicios públicos básicos, subidas de impuestos, congelación o bajada de salarios, pérdida de derechos laborales… como medidas necesarias, como la única solución para crear empleo en el futuro.  

           Por otro lado, se oculta a la ciudadanía que el Gobierno tiene una capacidad prácticamente nula para generar empleo, dado que inmerso en la corriente neoliberal dominante, ya se ha desprendido prácticamente de su participación en la economía productiva de la Nación. Es más, ese Gobierno  ni siquiera tiene las competencias de  Empleo, al haber sido transferidas a las Comunidades Autónomas. Su función es meramente instrumental: aplica las medidas que el sistema exige, BOE en mano y votos como patente de corso, bajo la maniobra de diferir. El Presidente Rajoy, ante las negras previsiones de la economía para el año en curso, ya se pone la venda asegurando que las medidas no crearán empleo a corto plazo (desde la oposición exigía que produjeran efecto al día siguiente), son necesarias para generar confianza en los mercados y luego vendrá el empleo; el presidente de la patronal CEOE anuncia que se creará empleo “cuando la economía mejore”. Valiente pronóstico: es como decir que cuando llueva, caerá agua.

           Entre los muchos ejemplos del recurso a diferir para colarnos decisiones que de otra manera levantarían oposición ciudadana, es muy curioso y recurrente el empleado con respecto a la privatización de bienes, servicios o empresas públicas: siempre ese proceso va acompañado de promesas de abaratar costes y mejorar el servicio. La privatización de Endesa en los tiempos del Aznar_Rato iba a suponer para la ciudadanía una rebaja en el recibo mensual que…nunca vimos; el petróleo saldría más barato privatizando Repsol, el servicio telefónico privatizando Telefónica y privatizando Argentaria nuestra banca iría viento en popa; en fin, un largo rosario de mentiras, sin olvidar aquella de que con la liberalización del suelo el precio de la vivienda iba a bajar considerablemente.

         Llegados a este punto, no quiero dejar pasar por alto el tema del agua. El Gobierno Regional de la Comunidad de Madrid está empeñado en privatizar la gestión del Canal de Isabel II. No faltarán las promesas diferidas al futuro de un abaratamiento del recibo del agua y la mejora de la calidad del servicio. De hecho, como paso previo a que la ciudadanía dé el consentimiento, no faltará una subida del precio del agua para crear el descontento previo por el precio abusivo del servicio aún público. Pero ya sabemos que las empresas privadas, más aún los monopolios, no son precisamente hermanitas de la caridad; están para ganar dinero. Así que es fácil adivinar qué nos depararía el futuro si permitimos que se consume la cesión a manos privadas por 50 años de la gestión de un bien escaso y necesario y de demanda creciente. Pregunten en París por las mejoras y por qué tras años de cesión a la empresa privada, se vuelve a municipalizar.

            En política encontramos un amplio campo para lo diferido. Las campañas electorales están llenas de promesas, medidas anunciadas para el futuro y que, en este caso, muchas veces no se tiene ni intención de cumplirlas. Pero una vez que la ciudadanía ha picado el anzuelo, ha dado el consentimiento con el voto, luego las reclamaciones al maestro armero. Y en cualquier caso, los vendedores de humo y mentiras cuentan ya de antemano con estas dos ventajas a su favor: la resignación del público, acostumbrado a que las promesas para el futuro no suelen cumplirse; y nuestra enorme capacidad de olvido.

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Acerca de pmusifloren

Estoy de acuerdo con Nietzsche cuando dijo que "sin música, la vida sería un error"
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