semana santa


¡Benditas lluvias, cuanto más, si anulan procesiones!

Escribo esta entrada desde la España profunda donde al hecho de “alternar” bebiendo un “mejunge” compuesto de vino, gaseosa de limón y naranja, vermut, coñac, mucha azucar y canela, se le denomina “matar judíos”.

Este cóctel explosivo es propio de semana santa, y aunque la denominación asesina se pierde en la noche de los tiempos,  aún permanece muy viva al invocarse en el momento de alzar el vaso entre los “cachondos” y dicharacheros cofrades que en pandillas, y junto a otros cristianos viejos, llenan los bares de las viejas calles.

Los más “borrachuzos”, (casi todos ellos) se jactan de matar más de cien judíos en el trascurso de esta semana saciando con ello, además de su propia sed, la “Sed de Venganza” hacia un pueblo al que consideran responsable, nada más y nada menos, que de la muerte del hijo de Dios.

Ojala este blog llegara a Tel Aviv y los intelectuales del PP que anidan en el Grupo de Estudios Estrategicos “GEES”, una sucursal de la FAES, y que definen a Israel como gran aliado y referente hacia lo que tiene que tender nuestra concepción de las Políticas interior y exterior, tuvieran  que dar explicaciones a sus queridos aliados.

Me imagino a esa lumbrera llamada Rafael Bardají, responsable de política internacional de la “FAES”, (autor entre muchos otros del Documento “La España Dignada” que comienza así: La España dignada, no la indignada, enfadada, vociferante, envidiosa y revanchista….) sonrojado, tartamudeante y consternado ante sus amigos, los sabios rabinos Sionistas.

Como en tantas y demasiadas ciudades de España también aquí se suceden en estas fechas decenas de procesiones que surcan las calles mostrando el poder de la Iglesia a sus fieles, y violentando-molestando a los que no lo son.

Pero como hasta en lo más profundo de España existen islas de libertad también se celebra   una procesión diferente y antagónica a lo estrictamente católico, apostólico y romano.

Me refiero a la Procesión de Genarín, a la que acuden miles de jóvenes y ex-jóvenes para rememorar la muerte del errante y borrachín Genaro, ferviente bebedor y defensor del orujo, atropellado por el primer camión de la basura que surcó las calles de la ciudad un “jueves santo” de los inicios del siglo XX.

El cortejo multitudinario “animado” por el orujo rinde tributo a su “santo” provocando en esta fecha tan señalada las iras de los reaccionarios del lugar. A la comitiva se adhiere desde hace ya unos cuantos años la “Congregación de las hijas e hijos de Maria” que con sus particulares incensarios en forma de “canutos” impregnan la impía atmósfera de aromas “orientales”. Uno de los más fervientes siervos de esta congregación, antiguo seminarista, en medio de la procesión me regaló el año pasado una poesía, de la que me aseguró no ser el autor,  y ahora yo, para rendir homenaje a su certera “reconversión teológica”, la  inserto a continuación, acabando así esta entrada.

VERSO ANÓNIMO

(Encontrado en el suelo mugriento de un retrete del seminario diocesano de La Bañeza)

Otra vez más acude la negra semana santa

Al sur, tunante, saetera y verbenera.

En la profunda España, seria, trágica, inquisidora.

Ambas bebedoras y henchidas de orgullo penitente.

Nazarenos y papones con sus hachas, con sus cirios, siniestros capirotes o verdugos.

Un tronar acompasado de tambores, mil aullidos agudos de trompetas.

Halitosis a cera, a incienso y flores mustias.

Patéticas imágenes, alzadas por escondidos costaleros, recorren calles fervorosas

rodeadas por curas de blancos mandiles con estolas que agitan sus incensarios.

Y otros de sotanas negras, esta vez abotonadas las largas braguetas.

La banda de música municipal entona notas tristes y aburridas.

Y luego, ellas: las Manolas, con su negra vestimenta, más allá de la rodilla y justo hasta las muñecas.

De cabezas coronadas con peinetas de carey, con sus broches, sus horquillas,

donde prenden las mantillas, con sus encajes de blonda y telas de Chantillí.

Con las manos anudadas a los rosarios de fiesta. Misales anacarados.

Maquillaje en las verrugas, labios apenas pintados, las que más, pues las que menos, en exceso colorados.

Más tarde las fuerzas vivas, arzobispo a la cabeza, alcaldes y concejales, y demás autoridades: civiles y militares,

Tras los guardaespaldas, ellos: Paisanos endomingados, algunos engominados, con exquisita  presencia, afeitaditos y limpios, con sus trajecitos Gurtel, con sus corbatitas negras, desfilando pensativos, o comentando bajito, sus chanchullos y prebendas.

Y cerrando el cortejo el pueblo, en su versión más añeja: esos fieles servidores  a los poderes de siempre, a las antiguas creencias.

P.D.:¡Ay! ¡Madre mía! “Si no fuera por las torrijas no habría Dios que lo aguantara”

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Una respuesta a semana santa

  1. Floren dijo:

    Jajajaja!!! Un amigo del Bierzo me ha dicho un montón de veces que tenemos que ir a la procesión de Genarín en León. ¡Esa sí que no se suspende aunque caigan chuzos de punta!
    Y va a ser cierto eso de que los niños y los borrachos son los que dicen la verdad: las verdades del barquero que canta ese “verso anónimo”, un ejemplo.

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