Performance


Performance, Teatro Callejero, Arte creativo en la Calle.

Todo lo que sirva, o al menos intente, atraer la atención y suscitar reflexiones por parte de  personas ensimismadas y ajenas a lo que les circunda me parece muy positivo.

Esas personas que al convertirse en  receptoras de estímulos diferentes a los habituales y en situaciones o marcos inesperados no activan automáticamente esos mecanismos, supuestamente de autodefensa, que les cortan la capacidad para relacionarse con su entorno y que los mantienen en el ostracismo.

Gentes preocupadas por su presente y futuro personales y como la inmensa mayoría agobiadas por su situación, pero ignorantes, escépticos, e incluso enemigos de la idea de que la unión y solidaridad con los que como ellos sufren las nefastas consecuencias del sistema es la única solución a sus problemas.

El performance o cualquier manifestación de arte creativo callejero tiene sentido cuando  modifica el comportamiento de las personas generándoles sentimientos y pensamientos a través de lo inesperado.

Y también, por qué no, cuando sirve para que militantes, cansados de desarrollar sus acciones en marcos o cauces que puedan considerar caducos o aburridos, renueven sus ánimos de lucha.

Lo que yo considero performance, en este caso teatral, debe cumplir dos premisas fundamentales: la primera es la creación de un escenario, o espacio escénico, donde no lo había (la calle, el transporte, la sucursal de un banco…) y la segunda, la más importante, la de crear también su propio público.

Pero el performance, como toda expresión humana, también la artística, corre el riesgo de caer en el oportunismo fácil, como para mí es el caso, cuando aprovecha convocatorias de manifestaciones o concentraciones  de ciudadanos para “epatar”, intentando convertir las protestas en algo parecido a “happenings”, más o menos californianos, eso sí, con nombre y apellidos propios, y que por su carácter personalista aupándose ellos y sus egos por encima del protagonismo colectivo de los ciudadanos, alejan el sentido de la protesta, diluyéndola, y convirtiendo a los “creativos” de estos actos en los protagonistas de estas concentraciones con la excusa de la “revelación” de supuestas nuevas formas de expresión.

Para mí estas actitudes que utilizan a un público sin crearlo, no son sino meros actos personalistas y oportunistas, que podrán llamarlos performances o lo que quieran, pero con los que yo no estoy en absoluto de acuerdo.

Para  desarrollar performances de verdad sugiero a estos “artistas” que se desviven por encontrar nuevas fórmulas de expresión “rebeldes” que se dejen de atrezzos, disfraces y demás “pijadas”, y que acudan a cualquier barrio obrero y deprimido, por ejemplo Fuenlabrada, (¡Salud compañeros!) procurando comprender y aprehender lo que es la ruptura del mecanismo de la percepción, clave de cualquier obra artística que se precie, entrando en las sucursales de los bancos con amas de casa, parad@s, jubilad@s y jóvenes para intentar negociar con sus director@s el aplazamiento de un desahucio, la suavización de una deuda, o la dación en pago del piso hipotecado. Que vean a es@s director@s de sucursales “lavándose las manos”, alegando incompetencia para arreglar lo que ellos mismos tuvieron competencia para provocar. Que sí tenían competencia para conceder un crédito antes, y que ahora desvían la responsabilidad de su concesión a esos entes inaccesibles a los ciudadanos denominados gabinetes jurídicos del Banco, o a los más inaccesibles todavía Jef@s de las Centrales.

“Ellos son los que deciden, yo no soy más que un trabajador que cumple órdenes” Y que eligen actuar de manera más o menos cordial, depende del carácter personal de cada uno de est@s individu@s,  y también de su capacidad para “interpretar” en el escenario de sus despachos, el papel escrito por los “guionistas” bancarios: unos más secos, otros más “húmedos”; llegando estos últimos casi a las lágrimas cuando te cuentan que empezaron de la nada, que en su casa eran pobres, que se pagaron los estudios trabajando, etc….

En conclusión, unos y otros se limitarán a informar a sus superiores y fuera de eso ni se implicarán ni moverán un dedo para poder evitar el desalojo de una familia trabajadora, o de un solo hombre o mujer desahuciados.

Y naturalmente propongo a estos artistas que sigan siendo testigos privilegiados y actores- autores del performance, y que a la salida de la sucursal participen con l@s compañer@s en la protesta frente a la sucursal del banco, empapelando con pegatinas y carteles sus ventanales, denunciando, megáfono en mano, a las calles y vecinos los robos y estafas que realizan los Bancos.

Esas acciones callejeras, o los intentos de parar a pie de portal los desahucios son Teatro auténtico, colectivo, sin director, o más bien con tantos directores como actores, que ejecutan su papel de la manera que ellos consideran adecuado, y que con sus acciones convocan y crean un público, bien dentro de una sucursal bancaria o en la calle, donde a través de ventanas, balcones o comercios, las gentes son sacadas de sus rutinas habituales y cotidianos quehaceres, en los que no suele figurar la protesta política, y que asisten a una representación de la auténtica realidad sorprendiéndose, (otra clave artística fundamental) y viéndose obligados a reflexionar, quieran o no, sobre el entorno social en el que están inmersos.

Estoy seguro de que si est@s artistas me hacen caso se sentirán plenamente realizados sin necesidad de disfrazarse, pero eso sí, “mojándose”.

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Una respuesta a Performance

  1. maioio dijo:

    100% de acuerdo con que muchas veces hay un elemento de ego XXL en las performances, PERO…

    1. No se pueden utilizar de manera efectiva herramientas de lucha del siglo XIX en una sociedad que ha deslocalizado fábricas y minas (la cuenca minera, en la que trabajó la mitad de mi familia, es la aldea de Astérix). Vivimos entre trabajos precarios y consumo de gilipolleces. No tengo casa ni curro digno pero me he comprado una pantalla de plasma.

    2. La meta es la efectividad, no la pureza. También hay un fetichismo de la lucha tradicional obrera y así les va a los sindicatos, que parecen una tribu urbana de la camisa de cuadros. No hay delegados sindicales con contrato basura. Los afiliados son los que tienen algo que perder en el mercado de trabajo dual. Y los minoritarios parecen una secta para iniciados. Para parar un deshaucio no hay que leer a Bakunin, hay que conectar con la sociedad para extender el virus.

    3. Generar pensamientos o amenizar es una meta que como poco se queda corta. Esto es una lucha en toda regla por el espacio simbólico en una cultura audiovisual. Quién explica Cómo las relaciones de poder en la sociedad (que filosófico estoy, joder). Y las poderosos aprenden pronto, MTV y revistas de tendencias (aunque siempre nos quedará nuestro querido sector troglodita y Rouco Varela:).

    4. El 15M es el mayor hostiazo que se han llevado las élites políticas, económicas y culturales de este país en 30 años, sin necesidad de quemar bancos ni cargarle el muerto a los pringaos que trabajan en las sucursales, que están muertos de miedo por perder el curro.

    5. En una acción un buen disfraz es 300 veces más efectivo que cantar loas a la clase obrera.

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